Gustavo Adolfo Bécquer

Pensamientos

eca-2020-gustavo-adolfo-becquer_20361882_20200214163357

Vosotros los que esperáis con ansia la hora de una cita; los que contáis impacientes los golpes del reloj lejano, sin ver llegar á la mujer amada; vosotros que confundís los rumores del viento con el leve crujido de la falda de seda, y sentís palpitar apresurado el corazón, primero de gozo y luego de rabia, al escuchar el eco distante de los pasos del transeunte nocturno, que se acerca poco á poco, y al fin aparece tras la esquina, y cruza la calle, y sigue indiferente su camino; vosotros que habéis calculado mil veces la distancia que media entre la casa y el sitio en que la aguardáis, y el tiempo que tardará, si ya ha salido, ó si va á salir, ó si aún se está prendiendo el último adorno para pareceres más hermosa; vosotros que habéis sentido las angustias, las esperanzas y las decepciones de esas crisis nerviosas, cuyas horas no pueden contarse como parte de la vida; vosotros solos comprenderéis la febril excitación en que vivo yo, que he pasado los días más hermosos de mi existencia, aguardando una mujer que no llega nunca…

¿Dónde me ha dado esa cita misteriosa? No lo sé. Acaso en el cielo, en otra vida anterior á la que sólo me liga ese confuso recuerdo.

Pero yo la he esperado y la espero aún, trémulo de emoción y de impaciencia. Mil mujeres pasan al lado mío: pasan unas altas y pálidas, otras morenas y ardientes; aquéllas con un suspiro, éstas con una carcajada alegre; y todas con promesas de ternura y melancolía infinitas, de placeres y de pasión sin límites. Este es su talle, aquéllos son sus ojos, y aquél el eco de su voz, semejante á una música. Pero mi alma, que es la que guarda de ella una remota memoria, se acerca á su alma… ¡y no la conoce!…

Así pasan los años, y me encuentran y me dejan sentado al borde del camino de la vida… ¡siempre esperando!…

Tal vez, viejo á la orilla del sepulcro, veré, con turbios ojos, cruzar aquella mujer tan deseada, para morir como he vivido… ¡esperando y desesperado!…

¿Qué viento la trajo hasta allí? No lo sé. Pero yo ví la flor de la semilla, que germinó en verde guirnalda de hojas, al pie del alto ciprés, que se levanta, como la última columna de un templo arruinado en medio de la llanura escueta y solitaria.

Yo ví aquella flor azul, del color de los cielos y roja como la sangre, y me acordé de nuestro imposible amor.

Un breve estío duraron los ligeros festones de verdura en derredor del viejo tronco; un breve estío duraron las campanillas azules, y las abejas de oro, y las mariposas blancas, sus amigas.

Y llegó el invierno helado, y el ciprés volvió á quedar solo, moviendo melancólicamente la cabeza, y sacudiendo los copos de nieve, alto, delgado y oscuro en medio de la blanca llanura…

¿Cuántas horas durarán tus risas y tus palabras sin sentido, tus melancolías sin causa y tus alegrías sin objeto? ¿Cuánto tiempo, en fin, durará tu amor de niña? Una breve mañana; y volverá á hacerse la noche en torno, y permaneceré solitario y triste, envuelto en las tinieblas de la vida.Yo no envidio á los que rien: es posible vivir sin reirse… ¡pero sin llorar alguna vez!…

Asómate á mi alma, y creerás que te asomas á un lago cristalino, al ver temblar tu imagen en el fondo.

Entre las oscuras ruinas, al pie de las torres cubiertas de musgo, á la sombra de los arcos y las columnas rotas crece oculta la flor del recuerdo.

Plegadas las hojas, permanece muda un día y otro á las caricias de un furtivo rayo del sol que le anuncia la mañana de las otras flores.

«Mi sol, dice, no es el sol de la alondra, el alba que espero para romper mi broche ha de clarear en el cielo de unos ojos».

Flor misteriosa y escondida, guarda tu pureza y tu perfume al abrigo de los ruinosos monumentos. Larga es la noche; pero ya las lágrimas, semejantes á gotas de rocío, anuncian la llegada del día entre las tinieblas del espíritu.

Hay un lugar en el Infierno de Dante para los grandes genios: en él coloca á los hombres célebres, que conquistaron en el mundo mayor gloria.

La justicia humana no puede hacer otra cosa, y juzga tan sólo por lo que realmente conoce.

Pero la divina lleva, sin duda, á ese mismo lugar á las inteligencias, que sin dejar rastro de sí sobre la tierra, llegan en silencio á la misma altura que aquéllos.

La justicia divina lleva también allí á los genios desconocidos.

Recuerdos de un viaje artístico

Entre los innumerables edificios que el artista encuentra en la antigua ciudad de Toledo, la basílica de Santa Leocadia es sin duda uno de los más ricos, si no en grandeza y lujo ornamental, en recuerdos y tradiciones.

Erigido sobre el sepulcro de una mártir, durante los primeros siglos de la era cristiana, las diversas razas que han dominado en nuestra Península han escrito al pasar un pensamiento sobre su frente, borrando al mismo tiempo hasta las huellas del que grabó la que le había precedido; por eso hoy, pequeño en sus proporciones y desprovisto hasta cierto punto de importancia en la parte arquitectónica, conserva todavía esa indefinible y misteriosa majestad que el tiempo imprime á los edificios que han desafiado su curso destructor ese aspecto solemne, que nos fuerza á detener nuestro paso y á descubrirnos aun en presencia de una sola piedra, á la que vive unida una tradición remota y venerable.

Cuando, después de haber recorrido una gran parte de la ciudad imperial, detuvimos nuestros pasos sobre la altura que corona el hospital de Tavera, desde la que se domina el lugar en que está situada la basílica, el día comenzaba á caer. El cielo se veía cubierto por largos jirones de nubes pardas y cobrizas, entre los que se deslizaban algunos rayos del sol, que, encendiendo sus orlas y bañando en luz la cima de los montes, doraban las altas agujas y los derruídos muros de la población que acabábamos de abandonar. La vega, que extendiéndose á nuestros pies se dilataba hasta las ondulantes colinas que se elevan en su fondo como las gradas de un colosal anfiteatro, asemejábase con sus oscuros manchones de césped y las anchas líneas amarillentas y rojas de su terreno arcilloso, á una alfombra sin límites, en la que podíamos admirar la armónica gradación de los colores que se confundían y debilitaban, marcando así sus diferentes términos y desigualdades. A nuestra izquierda, y escondiéndose por intervalos entre el follaje de sus orillas, el río se alejaba, besando los sauces que sombrean su ribera y estrellándose contra los molinos que detienen su curso, hasta bañar las blancas paredes de la fábrica de armas que aparece en su margen, en medio de un bosque de verdura. Cuanto se ofrecía á nuestros ojos formaba un conjunto pintoresco; pero diríase al contemplarlo que sobre aquel paisaje había extendido el otoño ese velo de niebla azulado y melancólico, en que se envuelve la naturaleza al sentir el soplo helado de sus tardes sin sol, ese silencio profundo, esa vaguedad sin nombre, imposible de expresar con palabras, que apoderándose de nuestro espíritu, lo sumerge en un océano de meditación y de tristeza imponderable. Claudio Lorena, en algunos de sus maravillosos países, ha logrado sorprender su secreto á la naturaleza, y ha reproducido ese último adiós del día, con todo el misterio, con toda la indefinible vaguedad que lo embellece.

Después de haber contemplado durante cortos momentos el panorama que hemos querido describir con algunos rasgos, comenzamos á descender á la llanura por una senda que nos mostró nuestro guía, y que baja serpenteando por la falda de la eminencia en que se halla el hospital de que más arriba se hizo mención.

Read more

Roncesvalles

 

P-NA-017

Acorta distancia del pueblo de Roncesvalles hay una cruz de piedra, que antiguamente era conocida con el nombre de Cruz de los Peregrinos. Alguna mano piadosa la elevó allí, sin duda con objeto de que sirviese de punto de reposo á los que, llena el alma de fe, venían á visitar su célebre santuario desde los más apartados rincones de la Península.

Cuando llegué á este sitio, después de haber cruzado á pie las intrincadas sendas que conducen desde Burguete á Roncesvalles, serpenteando a lo largo inmensos bosques de hayas, el día tocaba á la mitad, y el sol, que hasta aquel momento se había mantenido oculto, comenzaba á rasgar las nubes brillando á intervalos por entre sueltos jirones.

La verde y tupida hierba que tapizaba el suelo, la fresca sombra de los árboles, el murmullo de las aguas corrientes, el magnífico horizonte que se desplegaba ante mis ojos, la hora del día y el cansancio del camino, todo parecía combinarse para hacerme comprender mejor la previsora solicitud de los que en siglos remotos habían colocado tan delicioso lugar de descanso al término de un penoso viaje.

Me senté al pie de la cruz, respiré á pleno pulmón el aire puro y sutil de la montaña, lleno de perfumes silvestres y de átomos de vida, dejé resbalar un momento la incierta mirada por los dilatados horizontes de verdura y de luz que desde allí se descubren, saqué un cigarro de la cartera de viaje, lo encendí, y después de encendido comencé á arrojar al aire bocanadas de humo.

En este momento me asaltó una idea extraña. He aquí, dije, hablando conmigo mismo, el punto donde el piadoso romero, vestido de un burdo sayal y apoyado en su tosco bordón, se prosternaba poseído de hondo respeto á la vista del santuario, como los peregrinos del Oriente se prosternan aún en la cima del monte que domina la ciudad santa: las ideas guerreras y religiosas, el sentimiento de la gloria nacional y de la fe, despertándose al eco de un nombre que ha consagrado la tradición, llenaban de piadoso recogimiento su alma, preparándola á penetrar con el entusiasmo del creyente en este maravilloso mundo de la leyenda, donde cada roca debía hablarle de un prodigio de valor ó de una aparición divina. Nada ha cambiado aquí de cuanto le impresionaba. Allí está la llanura, teatro de la sangrienta jornada, cuya memoria, prolongándose de siglo en siglo, ha hecho famoso el nombre de estos lugares: allí el santuario, cuya vetusta torre descuella airosa por cima de los puntiagudos tejados de pizarra de la población; á un lado y otro se descubren las gigantescas rocas de las cuales cada una lleva aún el nombre de un héroe legendario: el Pirineo, con las ásperas vertientes, sus peñascosas faldas cubiertas de bosques de abetos seculares y sus dentelladas crestas vestidas de eternas nieves, se alza hoy como ayer, sirviendo de magnífico fondo al cuadro. Este es el Roncesvalles de las caballerescas crónicas; este es el Roncesvalles de las maravillosas tradiciones, este, en fin, el Roncesvalles de nuestros poetas de romancero. ¿En qué consiste, pues, que, á pesar de todo, al descubrirlo hoy la imaginación se esfuerza en vano por considerar en torno suyo esa atmósfera de entusiasmo y de fe que le daba todo su prestigio? ¿Por qué me fatigo evocando recuerdos de los tiempos pasados para tratar de sentir una impresión grande y profunda, mientras mis miradas vagan, á pesar mío, de un punto á otro, distraídas é indiferentes? Nada ha cambiado aquí de cuanto nos rodea, es verdad; pero hemos cambiado nosotros: he cambiado yo, que no vengo en alas de la fe vestido de un tosco sayal y pidiendo de puerta en puerta el pan de la peregrinación, á prosternarme en el dintel del santuario, ó á recoger con respeto el polvo de la llanura, testigo del sangriento combate, sino que, guiado por la fama, y de la manera más cómoda posible, llego hasta este último confín de la Península á satisfacer una curiosidad de artista ó un capricho de desocupado.

Read more

Historia de una mariposa y una araña

Después de tanto escribir para los demás, permitidme que un día escriba para mí.

En el discurso de mi vida me han pasado una multitud de cosas sin importancia que, sin que yo sepa el porqué, las tengo siempre en la memoria.

Yo, que olvido con la facilidad del mundo las fechas más memorables, y apenas si guardo un recuerdo confuso y semejante al de un sueño desvanecido de los acontecimientos que, por decirlo así, han cambiado mi suerte, puedo referir con los detalles más minuciosos lo que me sucedió tal o cual día, paseándome por esta o la otra parte, cuanto se dijo en una conversación sin interés ninguno tenida hace seis o siete años, o el traje, las señas y la fisonomía de una persona desconocida que mientras yo hacía esto o lo de más allá, se puso a mi lado, o me miró o le dirigí la palabra. En algunas ocasiones, y por lo regular cuando quisiera tener el pensamiento más distante de tales majaderías, porque una ocupación seria reclama mi atención y el empleo de todas mis facultades, acontece que comienzan a agolparse a mi memoria estos recuerdos importunos y la imaginación, saltando de idea en idea, se entretiene en reunirlas como en un mosaico disparatado y extravagante.

A veces creo que entre tal mujer que vi en un sitio cualquiera, entre otras ciento que he olvidado, y tal canción que oí mucho tiempo después y recuerdo mejor que otras canciones que no he podido recordar nunca, hay alguna afinidad secreta, porque a mi imaginación se ofrecen al par y siempre van unidas en mi memoria, sin que en apariencia halle entre las dos ningún punto de contacto. También me sucede dar por seguro que un hombre determinado, a quien apenas conozco, y que sin saber por qué, lo tengo a todas horas presente, ha de ejercer algún influjo en mi porvenir, y me espera en el camino de mi vida para salirme al encuentro.

De estas fútiles preocupaciones, de estos hechos aislados y sin importancia, me esfuerzo en vano cuando asaltan mi memoria en sacar alguna deducción positiva; y digo en vano, porque si bien en ciertos momentos se me figura hallar su escondida relación, y como oculto tras la forma de mi vida prosaica y material, me parece que he sorprendido algo misterioso que se encadena entre sí y con apariencias extrañas, o reproduce lo pasado o previene lo futuro, otros, y éstos son los más frecuentes, después de algunas horas de atonía de la inteligencia práctica, vuelvo al mundo de los hechos materiales y me convenzo de que, cuando menos en ocasiones, soy un completísimo mentecato.

No obstante, como tengo en la cabeza una multitud de ideas absurdas que siempre me andan dando tormento mezclándose y sobreponiéndose a las pocas negociables en el mercado del sentido común, y como he observado que una vez escrita una y arrojada al público, la olvido por completo y nunca más torna a fatigarme, voy a ir poco a poco deshaciéndome de las más rebeldes.

Yo prometo solemnemente que si a mi enferma imaginación le aprovechan estas sangrías y mañana o pasado puedo disponer de mí mismo, he de aplicar todas mis facultades a algo más que enjaretar majaderías, y tal vez mi nombre pase a las futuras generaciones, unido al de un nuevo betún, unos polvos dentífricos o algún otro descubrimiento o invención útil a la humanidad.

Entre tanto, sufrid como tantas otras impertinencias se sufren en este mundo, el relato de dos recuerdos insignificantes: la doliente historia de una mariposa blanca y una araña negra.

Read more

Rima XXXIV

Cruza callada, y son sus movimientos
silenciosa armonía;
suenan sus pasos, y al sonar, recuerdan
del himno alado la cadencia rítmica.

Los ojos entreabre, aquellos ojos
tan claros como el día;
y la tierra y el cielo, cuanto abarcan,
arde con nueva luz en sus pupilas.

Ríe, y su carcajada, tiene notas
del agua fugitiva;
llora, y es cada lágrima un poema
de ternura infinita.

Ella tiene la luz, tiene el perfume,
el color y la línea,
la forma, engendradora de deseos;
la expresión, fuente eterna de poesía.

¿Que es estúpida?… ¡Bah! Mientras callando
guarde oscuro el enigma,
siempre valdrá, a mi ver, lo que ella calla
más que lo que cualquiera otra me diga.

Rima LXVII

¡Qué hermoso es ver el día
coronado de fuego levantarse,
y, a su beso de lumbre,
brillar las olas y encenderse el aire!

¡Qué hermoso es tras la lluvia
del triste otoño en la azulada tarde,
de las húmedas flores
el perfume aspirar hasta saciarse!

¡Qué hermoso es cuando en copos
la blanca nieve silenciosa cae,
de las inquietas llamas
ver las rojizas lenguas agitarse!

Qué hermoso es cuando hay sueño,
dormir bien… y roncar como un sochantre
y comer… y engordar… ¡y qué desgracia
que esto sólo no baste!.

Rima LXXI

No dormía: vagaba en ese limbo
en que cambian de forma los objetos,
misteriosos espacios que separan
la vigilia del sueño.

Las ideas que en ronda silenciosa
daban vueltas en torno a mi cerebro,
poco a poco en su danza se movían
con un compás más lento.

De la luz que entra al alma por los ojos
los párpados velaban el reflejo;
mas otra luz el mundo de visiones
alumbraba por dentro.

En este punto resonó en mi oído
un rumor semejante al que en el templo
vaga confuso al terminar los fieles
con un Amén sus rezos.

Y oí como una voz delgada y triste
que por mi nombre me llamó a lo lejos,
¡y sentí olor de cirios apagados,
de humedad y de incienso!

Entró la noche y del olvido en brazos
caí cual piedra en su profundo seno.
Dormí y al despertar exclamé: ?¡Alguno
que yo quería ha muerto!

 

“La escritura es la pintura de la voz». - Voltaire

Las palabras son sólo piedras puestas atravesando la corriente de un río. Si están allí es para que podamos llegar al otro margen, el otro margen es lo que importa. – José Saramago

La Nostalgia siempre se escribe con Música

La música es la banda sonora de la vida - Dick Clark.

ROCK melódico - Melody ROCK

“Para mí, el rock es algo espiritual.” - BONO

A Tinta China

Plasmando palabras, a la luz de la pluma

A %d blogueros les gusta esto: