Cartas literarias a una mujer

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CARTAS LITERARIAS A UNA MUJER – Carta I
Gustavo Adolfo Bécquer

En una ocasión me preguntaste: ¿Qué es la poesía?

¿Te acuerdas? No sé a qué propósito había yo hablado algunos momentos antes de mi pasión por ella.

¿Qué es la poesía? me dijiste; y yo, que no soy muy fuerte en esto de las definiciones, te respondí titubeando: la poesía es… es… y sin concluir la frase buscaba inútilmente en mi memoria un término de comparación, que no acertaba a encontrar.

Tú habías adelantado un poco la cabeza para escuchar mejor mis palabras; los negros rizos de tus cabellos, esos cabellos que tan bien sabes dejar a su antojo, sombrear tu frente con un abandono tan artístico, pendían de tu sien y bajaban rozando tu mejilla hasta descansar en tu seno; en tus pupilas, húmedas y azules como el cielo de la noche, brillaba un punto de luz, y tus labios se entreabrían ligeramente al impulso de una respiración perfumada y suave.

Mis ojos que, a efecto sin duda de la turbación que experimentaba, habían errado un instante sin fijarse en ningún sitio, se volvieron entonces instintivamente hacia los tuyos, y exclamé al fin: ¡la poesía… la poesía eres tú!

¿Te acuerdas?

Yo aún tengo presente el gracioso ceño de curiosidad burlada, el acento mezclado de pasión y amargura con que me dijiste: ¿Crees que mi pregunta sólo es hija de una vana curiosidad de mujer? Te equivocas. Yo deseo saber lo que es la poesía, porque deseo pensar lo que tú piensas, hablar de lo que tú hablas, sentir con lo que tú sientes, penetrar por último en ese misterioso santuario en donde a veces se refugia tu alma, y cuyo dintel no puede traspasar la mía.

Cuando llegaba a este punto se interrumpió nuestro diálogo. Ya sabes por qué. Algunos días han transcurrido. Ni tú ni yo lo hemos vuelto a renovar, y sin embargo, por mi parte no he dejado de pensar en él. Tú creíste, sin duda, que la frase con que contesté a tu extraña interrogación, equivalía a una evasiva galante.

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Monumento a Gustavo Adolfo Bécquer (Madrid)

Obra del escultor Santiago de Santiago, del año 1974. Aparece en la parte superior la figura en bronce del poeta; a su lado aparece una pareja como alegoría a LEYENDAS (escena de Los Ojos Verdes) y al otro una joven alegoría de RIMAS,

El conjunto escultórico está situado en el interior de la Quinta Fuente del Berro, actual jardín histórico-artístico.


La primera idea para un monumento al gran poeta y narrador tardorromántico Gustavo Adolfo Bécquer (1836–1870), inmortal autor de las “Rimas” y “Leyendas”, data de 1970, cuando se solicitaron propuestas a varios escultores, barajándose tres posibles localizaciones para el mismo: la Casa de Campo, el Parque del Oeste y el Parque de la Fuente del Berro.
De los tres proyectos presentados, el de Mena se rechazó por demasiado clásico y el de Coullaut–Valera por ser muy costoso, quedando el encargo en manos del escultor Agustín de la Herrán, cuya propuesta –valorada en 370.000 ptas– se aprobó en 1971, aunque fue posteriormente considerada demasiado moderna para su entorno , por lo que se paralizó la ejecución. Sin embargo, en 1973 se encargó directamente al escultor Santiago de Santiago un nuevo proyecto –con un presupuesto total de 2.200.000 ptas– que sí se llevó a término; inaugurándose el 8 de octubre de 1974 con la asistencia del alcalde, Miguel Ángel García Lomas, y de Julia Sanabre Bécquer, sobrina–nieta del poeta.

Rima LVI

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Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno 
y andar andar.

Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón:
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.

El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.

Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.

Así van deslizándose los días
unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer… y todos ellos
sin gozo ni dolor.

¡Ay, a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor, pero siquiera
padecer es vivir!

Rima VIII

4i88GgaV8qiFU89taP2MgKXzwntUGAvkoQiKU7VxyD37q97pB5BjmBQAiRenPfbwe17Qr3qxbfRDtTj1L9HUzCunUY3R2kYdbQyFzH7NBnPDSSeiwyF48fSdNmCuando miro el azul horizonte
perderse a lo lejos,
al través de una gasa de polvo
dorado e inquieto,
me parece posible arrancarme
del mísero suelo
y flotar con la niebla dorada
en átomos leves
cual ella deshecho.

Cuando miro de noche en el fondo
oscuro del cielo
las estrellas temblar, como ardientes
pupilas de fuego,
me parece posible a do brillan
subir en un vuelo
y anegarme en su luz, y con ellas
en lumbre encendido
fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo
ni aun sé lo que creo;
¡sin embargo, estas ansias me dicen
que yo llevo algo
divino aquí dentro!…